Al verso emotivo, un latido, un canto, un espanto bello de aquello del cuánto. Cuesta de apretar o dejar trazados. Caricia o torpeza que empieza en morado. Una vez morado ya no se supera, la pena se agrieta. Al terso sonido que ausentado sienta, que tienta la voz.
Al tenso resuello del cuello dejado que ha majado el cinto y en aquel recinto se descabalgase casi desbocado. Abocado y preso persona en los versos poeta y humano manos de diversos. En contemporáneo de formarlo todo. Todo deformado.
Témpanos preciosos para trepanar. Quitar esa piedra que entierra en su cráneo. Daños de locuras las curas de palos. De partir los huesos repatir la culpa. Disculpa aceptada de su mal perder, parecer carezca de cerca no es nadie. Talle de su estalla, talla su detalle. Valles.
Impasibles entrar al detalle su entalle que entraña la gana el desgaire del aire que falta soltar inperdibles. En gancho, el rancho y la carne. Y atajo imposible de camino abajo. Tajo del cuchillo, chilla muy despacio. Topacio del filo al hilo de sangre. Amarre o embrujo.
Un brujo, aquelarre que narre su hoguera. Artes embusteras de juntar sus quemas esas partes flojas. Hoja de la quema la yema se antoja la moja en el ojo. Lágrimas de antojos, los cojos del sueño. Recoger resguardo guarda de la quema que yema a la vez.
Como un pez pequeño boca de sirena. La pena comía suponía raspas. Aspas de sus pelos la belleza suelta vuelta del aceite que al oral le fríe y ríe las gracias falacias y letras perpetrar mentiras como timadores de esplendor resalto falto de milagros el dinero es sordo no reza.
Sultán de un jacinto, precinto del cuadro. Precioso desnudo tumbado a des piel de aquel que es gallardo. Su guardo del ojo que moja la gana. La sana promesa de mesar insana, en la sana silla, como encasillada. Yarda de su lengua con su boca encalla.
Entraña en lo rico que a lo pobre engaña que el daño no es arte sin parte de engaños. Sin paños, sin tela, su estela de duda, la suda temprana de gana y placer.
Abastecer preciso conciso de flores en sus ojos cuadros de dados de amor no hay color ni antojo ni dar en su alojo que recoja yo. Ya luego o nunca. De aquello urgente reciente en la vida. La pida y la piedra. La hiedra difunta.
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