Alambre y frontera, de la eternidad. La deidad no llora por eso elabora, el dolor malsano. Ese mal humano que contagia tantos y convierte el llanto en duelo de magia. Confundía espanto y cantaba en rima lo que se aproxima preso del terror. Por plagiar el miedo.
Al horror impreso, al miedo entendido a lo que ha nacido listo para morir. A vivir con prisa, tensa la sonrisa se masca en los dientes, como dentelladas. Estrellas doradas de sangre y de muerte. De dolor vampiro.
Aquello fue parte, arte o defenestro, eso que ya es nuestro por la propia sangre. Y le dice llora y mora conmigo, que sea el ombligo del dolor manado. Hermandad sin hambre, ni labrar los celos para recogerlos en la exclavitud. La virtud es tema de lo que has tenido. Carnecarnaval
Pretender la magia sin todo el poder o ceder a suerte, juego de la muerte vivir cada día al amanecer. Entiende el deseo y enciende su cuerpo, al dolor resuelto que gana el placer. Sanar con caricias o morir de pena. Sueña con que crece la imaginación. Dipasón silente.