Palco de la fe a la vez locura,
que estremece cruda, toda una alabanza
de danza furiosa se ve que la acosa
la escoja y la viola y la deja sola
a cuidar sus crías, así lo crecido
él volverá a su lado para desdeñarlo
y hacer nuevos nidos.
Heliotropos vespertinos van dejando en el camino la distancia entre nosotros
Ruego y existencia, la clarividencia de asumir el fuego para ver que llama, la perla de cama, la escama de nácar por sacar del cuerpo. En aquel desierto para la locura, quién lo va a curar para amar su gracia cuando la desgracia es la humanidad.
Perla de alegría. Con alegorías hacer que se ría para poderlo amar. Sal de lo llorado, especiar el llanto, y fruto el cristal que al romper se afila. Canto de lo oscuro, juro porfiar suponer un ruego, de un juego en la voz que al sonar se pose, y espose la lengua.
El verbo robado comprendido en lengua.
A su gusto y peso, el beso de Judas.
Soniquete y fuego de lengua que opina que la voz prístina no tenga presencia porque la conciencia sigue estando sucia. A liturgia y pena como magdalena cuando se enamora. A cueva sin luna que llora por plena, a la noche aúlla. Pulla o alabanza a su chanza oscura.
Cura como hechizo, plomizo el demonio. Biblia y testimonio de contar tinieblas. Mueve el esqueleto como ser completo, relleno de carne, visceral sin alma, insecto moral. Tumorales sombras, columbran el tiempo. Locura cabal de animal que rima. Carisma de hartura, pura por soez.
A la nuez de Adán le dan con espino el largo camino de sus sufrimientos.
Liba la manzana como los gusanos en el pasamanos de su soltería.
Edén de las manos, humanos o santos. Por cuánto los cromos, volver a ese niño. Y al cariño roto, de amor de juguete.
Le basta un chupete y de nuevo llorar para encontrar tus brazos.
Palco de la fe a la vez locura, que estremece cruda, toda una alabanza de danza furiosa se ve que la acosa la escoja y la viola y la deja ...