jueves, 27 de marzo de 2025

De dos dedos de tierra de dos enterrados.

 

Autopista y chelo y un cielo de sangre. Llora boreal sobre su majado, le ha sabido mal. A cristal sin alma, sin cierta distancia, la elegancia, el flujo, aquellos dibujos de mano y placer. Prismas sin colores sus brotes de sombras. Formas de tinieblas. Magro del hechizo.

Por viejos senderos, cuervos y guitarras. Cruces del camino de vida marcada. Cada cual su mal que es quizás humano. Mano de sus dedos, dedos comparados. Canto que acaricia cuando laberinta. La cinta del miedo que el terror desata.

La voz le delata, la lata estraperlo y verla y soñarla mermelada de hadas y sal de las alas que saben a vuelos, al pelo en la lengua que después es asco.

Un camino y tregua de lenguas afuera lloviera en la sed como pez desecho y a la vez yo viera como lo lloraba que todo lo daba, como una aldaba en las cataratas. Cartas sin tregua que nunca compartas, y al abrir el alma le ensalma y aprieta, el verso, la colma, la forma del cielo.

Autopista y chelo, algo atropellado mancha de estraperlo verlo y omisión de atención focal que es ojal del genio pasar de puntillas, estribillo ello, el chelo, el cuchillo diez mil puñaladas, la visión de ducha, la lucha y la sangre, de algo herido que en gemidos previos.

La suerte es de cama cuando son amados, amar es el sueño de arropar su alma. Proteger sus sueños para despertar y afrontar los miedos.

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 La mira en sus ojos para abrir los mundos