domingo, 23 de marzo de 2025

 

La saca del baúl de los recuerdos.
Me acuerdo el corazón en una caja.
Reciente la osadía del placer
que puede parecer maravilloso
de todo aquel acoso referente
aquello que se siente conseguir
que se llegue a decir y que lo entiendan
que tiendan el aprecio sobre ti,
no tengan que decirte que te quieren
si sabes que se mueren sin tener
la suerte de volver a retenerlos.

Laureles de las mieles del deseo,
lo feo del amor a contra carne
de aquello que separa nos adentra
como en una placenta del placer
que puede florecer en los futuros
como aquel niño oscuro sin hacer
que viene de crecer como vampiro,
en las manos o en el corazón una estaca.

Encanto de cerca
la magia de lejos
el mundo de espejos
que nada reflejan.

Cantaba una pena
estrena un lo siento
llegado el momento
de no arrepentirse.

Carta de una culpa
bajo una sospecha
todo lo que acecha
por cata disculpa.

Aliento y engaño
orgullo y apaño
y tiña malvada
la espada y la guinda.

Casto del cariño
a la piel deseo
como en el trofeo
de su placidez.

Al llenar la pena
la vena en lo triste
la sangre que hiciste
para mirar la herida.

A la vez que fuera
lo sintiera dentro
como el epicentro
de quedarse hueco.

Que sube y lo siente
que tuvo en la frente
que se fue con ellos,
y hoy que sabe tarde
la risa cobarde
se acuerda de aquellos.

Y en una mazmorra,
el foso, el lamento,
el dolor en notas
rotas en el alma,
modulares cotas
la música sorda
de los elementos,
estremece y marga
que magma y emana
los pronunciamientos.

La saca del baúl de los recuerdos. Me acuerdo el corazón en una caja.

En un canto bello a la voz un cuanto que le sobra espanto le falta te quiero, y el amor es mucho si lucha por ello si amar lo pierde por quererlo tanto.

Ansía el rapaz en tiempos de paz afilar las garras, alcanzar al cielo algún torpe vuelo que corte el esmero, todo aquel azul a la luz arpía corazón de vías de carne y desgarro.

así como emoción que se compone para la conexión de tu placer poderte conceder pequeños gustos de aquellos precios justos de la vida. Suplica en el canto su espanto lo obliga que aquello que diga le suene a lamento.

Arpegios en fa, para la faringe.
Estreñir la boca y topar la voz
como un escalpelo al velo en la lengua
toca una campana, estragón de traga.
Dragar los recuerdos, como perforarlos.
Darlos en lo oral de corales formas.
Normas sin conducta justas y asumidas.
Vida de un gargajo.

Copla del acople, sople sobre el cuello,
es beso o mordisco que es bello y sucinto
recinto al placer sueña con la muerte.
Y al diente la rabia de entallar su cuello.
La flor del mordisco regada con sangre
en fruto a la carne en la tierra pudre.
La fruta madura compota de todo.

Tarros para nada, solo para guardarlos.
Tantos los recuerdos mirar el vacío.
Como huele el aire del desaire mismo.
Huele a muerte fresca o a una vida vieja.
Pobre podredumbre del acostumbrarse.




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 La mira en sus ojos para abrir los mundos