Si ruego el espanto, el juglar, el canto, el juego del verso que gane su tiempo, letrillas del cambio al campo del verbo la siembra en la voz que entona lo horrible. Contemplar rutinas, maniobras rancias, huele a melodía de día y sustancia, oyes como aborda con palabras sordas.
Al hambre sin ruido le estalló su centro y como sirena fue a contar su pena a la voz de encanto, a ese sueño santo antes de dormir que le hace sentir que el sueño es la guarda, que aguarda y le sueña.
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