él miró un momento con ojos de escombro.
Nada puede hacer sino certificar su destino
y en un alto del camino se entrega por última vez.
El llorar curioso de apropiado llanto
de quejido propio de lo que ha quebrado
de gritar profundo en un eco usado.
Palco de la fe a la vez locura, que estremece cruda, toda una alabanza de danza furiosa se ve que la acosa la escoja y la viola y la deja ...
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