Por favor en mí la clave de sol. Solfear armonios con voz de neutrinos y aludir encantos en cuentos fatales, la verdad mortal es moral sin sueño, es espacio y cosmos, cromos siderales. Sin fervor le de la llave de mí, solo cerradura. Misa de misterios de la poca prisa.
Risa funeraria. Contrario a la brisa, lo que pasa espesa, pesa de calvario. El corazón a diario no sabe que escribe, él recibe y late, tómate el mate, mater ya te mueres. Hojas majadas que aguardan otoños.
Fresquito y frescoño.
Retoño al puñal, ahora sal cuchillo. Sal sobre la herida.
Vida y fotocopia. Que poca entropía, dios mío el misterio, amperio curioso que viene furioso a aclarar las sombras mediante tinieblas. Tenebrar vicioso osar de esplendor, su mejor momento.
Perlar en los sueños, vueltas de caricias de aquellas avaricias especiales, de tales declarados en amor que conjuga mejor con jugo de bocas, de saber lo que tocas con la lengua.
Y asola la casa, la sala y el suelo. Yo no suelo, oiga, la sala le baila. Las alas y el sueño a las libertades.
Al lugar un templo, al tempo un lograr, dejar el silencio y tender compás pasmo sostenido que lo ha distinguido a ese doble nudo del desnudo innoble. Doblar intenciones para torcerlo todo modo de agujero, a dragar recuerdos.
Del corazón larvario del gusano la mano de ese viento emocional que tiene estacional de mariposas. Seda y mora, morador de sueños. A pisar le vino el vino a sus pies. El estrés precario, es estar tranquilo.
Tienes miedo yo no, temor es poco, lo recoloco y así lo compenso; pienso luego sufro lucro de salida de vital estupro, de estupor y ruina rutina de duelo suelo por sufrir llorar desconsuelos pelos y baldosas, osas devolver, de volver del todo modo de la ausencia. No eres, supongo.
Un tango de copla que sopla y avala la bala calibre vuela la cabeza. Bang and bang, la baila preciosa. Sus cosas de sesos. Es rock demoníaco, es salsa de sangre, un balde de ascos de atasco el vómito. Maldito perfume, la nube extasiada. Hada del espasmo que nace en la gota.
En el escenario converso decía que lo que sentía le latía en verso. Ver sobre su pecho derecho no fuera por ser tan torcido su recto de espera. Pronto de llorar de sentirse triste estallar espantos, llantos espantosos.
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