Entra el desafío de un cuento corriente sin el aliciente de magia querida, de hechizo que ama, cama sobre verso, en el mundo adverso todo es al revés. Al envés del bueno, lo lleno y vacío en el desafío de la voluntad.
Con su voz y aliento, alimento el alma. Que valga la calma de su sentimiento. Talento a tentar, a intentar el verso, ver sobre el supuesto su puesto en poeta. La treta del tiempo que columpia el viento, que forma el aliento, la rima que inspira. Mirador del cielo.
Y todo es el timbre de mimbre de voz, que precoz le calma como parte amada. El fresco jugaba en la mala fiesta, la siesta del dueño y el empeño malo. Al palo oportuno, río una agonía y todo parecía de corriente, la fuente de aspersor de sus milagros.
Llueve, luego lloras por caminos secos. Ecos del destino desandar de atajos. Frases inconexas esas del error de un temor de sabios. El miedo ignorante que suplanta el medio, entre tanto y todo, el modo y la voz. Previo al gargarismo, su ritmo de flema. Plácido Tinieblas, solos.
Contagio y pandemonium, demonios del hambre. El hombre brillante no tenía sombra, obrador de huesos osarios oscuros la luz de la cueva, cuando llueva un lobo va a meter ovejas. Celebrar la sangre una vez al mes, dos de luna azul.
Tul y pan, no hay pan para Peter, hoy no hay bocadillo. Fanta y fantasía del sabor azul de comer el cielo. Como velo y niño y cariño nuevo. Como ve lo ciego. Ojos que lo compran y a la vez encienden la luz de vender. Marcha chascarrilla descarriladora. Dedos de dos, corte primero
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