Alimaña mía de mi corazón, canto esta canción, a tu don salvaje, al traje la carne sus huesos vestidos, el conocimiento que me hace perder la fe, la solvencia, luego la apariencia, al final la sombra es obra coral, solo sal y llora, lloraré mañana.
Hable y diga, amiga palabra, abra el corazón como una exposición del sentimiento,que mida perverso que el dolor es fiesta de la soledad, solo de decir o sí o no, o entonar ni píos Míos del aquello, cauto de encanto, contará tardíos. Estraga y refriega que lega y lo traga.
Querencia del amor importunado, será el afortunado en el sabor, que acabe en lo mejor entre los brazos, al trazo de su lecho distinguido, de lo que ha consentido con su cuerpo.
A la vie en rosa, la cosa debía pues era del día como hacerse noche, el broche de bruma, la casa de luna, casado de plata, la gata en el cielo rasga la guadaña.
Ah, gritaba en do, mejor no puedo, no llego a la cima, a cumplir la nota, la cota de su rota placidez, que viene de enmendar en su cariño, que no tiene el dominio del amor, que viene en la lactancia con la letra de aquello que prometa cuando mama, la trama de helecho.
La calma doctrinal de cada verso de aquel hombre perverso que pasó, y así perseveró como poseso de aquello del suceso y sucesión en manipulación del sentimiento.
Y entre uno y otro, quedará en nosotros un poso de amor del amar precioso. En aquellos pocos aflorar la garra en aquel agarre del ultrasonido, sumido en el pozo, el gozo debido. Le pido unos tragos, se lo carga todo, modo de redundo de un mundo aprendido.
En este ideario sin utilidad, aquella salvedad de fantasía que todo parecía suceder en aquel anochecer de los monstruos.
Libre de mi canto, este espanto es mío, a lo que dedico mi voz de lamentos, lo siento, lo imploro que flora del tacto, al trato el tesoro, como oro lo siento. Doble la intención en su corazón alguien ocupado, y en el otro lado cama e ilusión, la colcha de tapar los sentimientos.
Y al uso trofeo, la belleza compra, que lo malo honra con su compañía. La feria abril de las mil maneras.
Polvorienta sombra, que ha creado un velo, libre de su duelo, de llorar dorado de aquello grabado de lluvia en el alma, la calma fluía y daba al torrente todo aquel sentir, refundir el suelo y comprar los pasos. Vasos contratantes, cauces contapuestos.
La pida de la fe con la razón, si tiene la intención de los demonios, de aquellos testimonios, cada verso. El verso del cadáver personal que viene de matar a la persona y asoma sin vergüenza al animal que sale a degollar a la decencia de aquella coincidencia literal.
A la luz abierta, cerraba la herida, la vida enterrada ya daba su fruto, enjuto terror de transformaciones, las condecoraciones del horror que acusa y lo peor no evoluciona, que toma como esencia en el amor que el odio es el mejor de los negocios.
Me gusta ver llover en mi ventana, que pasa la mañana en la cortina, que trina la tristeza atemperada, que así se apoderaba de la pena.
Refrena el corazón de la distancia que tuvo la arrogancia del latido de aquel amor perdido a resolver, que viene a devolver con cada brazo el trazo del reparo la razón, de aquella la ilusión de acompañarse y darse en deseo de crecer, de todo aquel hacer enamorado.
Aquello del fracaso del dolor, de todo aquel amor que lo comprenda, y aprenda lo mejor en su llamar, que viene a contestar sus sentimientos. Contrasta estupefacto la oración que tuvo la intención endemoniada.
Ya nada valía ni lo valga, que salga de perder la voluntad, la pluma que no vuela por decoro, en tierra de un lugar en la fragancia que huele la distancia de los sueños, de todo aquel empeño de la piel que sabe a la caricia deleitada de aquella sensación del interés
de aquello que ha dormido con su arrullo, de aquel canto que es tuyo por encanto, que rima con espanto la afección, que pone el corazón como una gracia, de aquella otra falacia del sistema.
Refunda el amor, cariño con funda, como fundadora lllora en la almohada. En aquella cara le carga la luna a la una en punto. Sale en la campana la llama y la vela de último aliento; lo siento, me marcho.
Hoy atino en lo llano, enano sino camino gigante. Un cocido alto para un garbancito le citó a la sopa la ropa del caldo. Al bocado libre sensible en la boca toca su apetito emular sabores. Y aquel otro color salsa de la especie que brinda el aceite el sol de esplendor.
Convierto los lamentos momentados de aquellos otros vientos infectados, de aquel otro pescado por la red que sola fue su mar de su interés, como el caparazón de su riqueza que crezca y aparezca en la piel que libre en la caricia concluida, de vida recibida por anhelo.
El pelo que prescinde de la piel de aquella otra miel que le amortaja, que raja cada capa de su ser, que fue lo que contiene su querer, aquel contenedor del sentimiento.
Alguna vez yo falto tú dilo muy alto; yo también quería y cuando dormía le arropaba el sueño dueño sin memoria de historia sufrida de vida violenta de lenta tortura que ya dura un siglo su oro de horror de eclosión del medio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario