Le regala eso,
un peso en los labios,
un sentir extraño
lo abre a la boca
que toca la lengua,
la mengua de espuma,
por la misma fuente,
decidir si late,
si siente en las manos
su sanas caricias,
de avaricias rancias
de sentar el tacto
de sentir encanto
en cuento de cuna
que llama a la luna
a la una vela,
la sombra revela
la tela y la calma,
el alma y la estela.
Entonces, cuando el silencio
sea el único espacio de la voz,
el velo sobre celo de horizonte,
de ponte del color cada lugar.
Espacio y o di sea. Odio sea espacial.
Especialmente humano.
Reclamo mis daños, ¿para qué me he roto?
Mono ateísta catecista del diablo.
San Palo Trece, doce varas.
Tarántula en la piel,
la transfusión,
de aquellas emociones
del veneno, lleno
por vacío, mira del horror
con terror cansado,
todo el rato muerto,
la vida presente
que siente cadáver
cada vez que mira,
retira la mirada.
Ojos que fustigan,
como un latigazo rojo.
Flojo de dragón.
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