miércoles, 18 de diciembre de 2024

 

Que no, que no, que el corazón no es tela, ni vela que la luz haya vestido, de aquel ultrasonido de sentir, le viene a recitar ante el escriba, y viva cada uno de sus versos, si el cuerpo lo que siente se aperciba que liba en el dolor como una esponja,

acoja la caricia que lo limpia, e impío el desafío desaloja y aloja en la herida, la taja sabrosa, la prosa en la carne del color de rosa.

El sueño se murió pronto, lo alteza, aquella otra realeza ensoñadora, que empujan lo pequeño hacia el abismo que así mismo se adentran al fracaso. Morir que fue a perder alguna vez si hacer compadecer a su experiencia, si toma como ciencia sobre él aquel que declina toda magia.

Elipse coloquial que se anticipe, y artífice en la luz le da el aliento, de aquellos otros vientos reprimidos del impulso de salva de los besos. Servir al sentimiento como igual, total me voy a ir en un suspiro porque no la alegría del ahora, si toda hora es eternidad.

Asiste a la cloaca del poder que viene a enriquecer naturalezas, que tal vez la defensa del proceso es que vuelve a matar a la pobreza.

Aquel otro decoro de la cama, la llama del amor cuando adormece y mece el corazón de lo que yace que aquello fue alusión sin contenido.

Avanzado de la edad, que ve la salvedad en el pecado, los dados de dedos a voluntad de suerte del capaz por inexperto de aquel mundo perverso que le dan, como si a Peter en vez de pan, mendrugo. De aquel lugar vacío de la cama llama de los sueños por guardar.

Ni nudo sin piel que fiel a la letra, la oración perfecta de sus desafectos, a su efecto vano una mano triste lo viste en la pena a la cena ama que allí lo desviste, e insiste soñar para desnudarse y darse al amar lo mejor del sueño. Y puedas elegir cómo sentirte.

Musa y masa, pasa como vela, verla por la luz, ataúd de casa. Pasado y morir matar el presente latitud de hogar, matar por decir. En un vagón ataúd, de aquella prontitud de lo que muera, fuera de las vías sabias y despiertas. Algo de helio, y Ofelio felino.

Trucular bells. Ventricular. La película muda suda en la campana. A su timbre hueso de seso y de sangre sale de la oreja, a las doce muera.

Del viento y el aliento conjugado que guarda en el refugio como beso del peso al corazón en el papel que siembra siempre fiel a lo que late, quilate del diamante de atención como la sumisión del cristalino la fina transparencia va perdiendo así se va asumiendo a la vejez

la nueva dejadez de la pereza. ¿Qué quedar espero pero del encanto? Que espera primaveras venideras, de aquellas las primeras floraciones.

Así un día veinte conmigo libro.

O su viejo canto, al santo su voz de oración de cota una obra al alma, ensalma la vida le da lo que pida, estúpido un ahora, una hora eterna. Aérea flama, llama cuando quieras. Allá donde fueras vieras como ardas. Pardas las palizas, lizas con la muerte. A2

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