Algo que no cuenta, lo sienta, lo diga, al rumor abriga que pesca un suspiro. Al sentido en perlas de verlas en bello, al olvido en serlas ostras sumergidas. Al cielo en visitas, recitar los viajes en aquel paraje de la soledad. Edad financiera de fuera a morir por piedad ajena.
Ajeno a la vida, se olvida de ella, ¿Qué será de aquella que le fue servida? El cielo es ligero y el vuelo un ensueño, que tiene el misterio de su propia luz. La cruz de la vista se llena de sombras, obras en las nubes cubren cada cielo, contra velo y sol de morir adentro.
De sentirlo y puro, de juro lo siento en el nacimiento de cada morir.
Construir la vida, ¿Cómo edificarla? Dada la certeza bajo la cabeza sostener la casa, formar parte de ella. Llegar al lugar y dudar e irse, para regresar. Hogar de la carne que la piel se seca. Nana de manteca. Truena la ilusión. La canción a secas.
Estela fatal por falta de vilo, fue asilo de vela de miradas ciegas. Llegar al pasillo, aquel descansillo de la soledad. Es tela de seda que se da o se queda. Cuando pierda el cielo por primera vez, carecer de lunas. Huellas de los muros, cura de ladrillos. Primer exorcismo.
Su tierno sostén que sustenta el cielo. Pasar para afuera como máscara descarada. Descarnada pasa casa el descansillo. El libro sin verbos, de cuervos con ropa. De copas de vino, divino en el alma. Alarmas borrachas cubren el milagro. Y el cargo es la cruz de morir por ellos.
Prometer primero, para someter. Sostener en otro todo tu contacto. En un pacto firme nunca has de firmar. Someter apruebas, pruebas a tratar. Pactar con diablos; hablar de personas. Como poseídas, idas para afuera, de su entero ser. Sostener eternos siendo posesivos.
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