Caligrafiaba partes de su alma, con calma inquietante, construía un mapa, capas desde adentro, un centro del ser, donde hay que invocar. Donde hay que tocar para amansar la fiera. Bajo la belleza que siente y recrea. Cuevas del abismo, de infierno y piscina. A fuego lento,
a llamas y ollas, del amor cociendo. De alimento y mesa de mesar la silla, luego en la salita el dulce y el cuento. De la crueldad de aquellas palabras del dolor de clavos para recordarlas.
Atada a una puerta la vida entreabierta de aquella ventana, abierta a cerrarse. Sobre la locura, cura de la sombra de ausentado genio cuyo arte estigma. Que timbre de perlas de verlas temblantes antes de ser costa apostar tu cuello. Sufrir las corrientes, por sentir fluido.
Invertir en entes, gentes desalmadas. En una espiral de sangre su cauce respira. Al final la carne, pastos de las moscas. Hay alguien ahí, en algún lugar, otras entidades. ¿Qué clase de ser va ha vivir en ti? Un té de abducidos, platillos de hierba.
Natillas de perla, freír con diamantes, gala de la crema, yema de sus huevas. Alíen en la nave se peina las cejas, se ceja a matarte.
Esmeralda esfera de jade majado, con dientes sangrantes comen a bocados. Ogros en su gruta, ruta de cavernas. En un laberinto el viento perdido se cobra el aliento. Y el tiempo perdido es capaz de un templo.
Un tempo regala, la gala al lamento, en un movimiento le va hacer llorar, ahorrar en cebolla, y sirve de sal, ¿Qué tal en el horno? Le sabe fatal. A tal ya está seco, regarás la carne. Las reglas del barro que secan los dioses. Cueces o cuezas, antes de cocido, conocida joya.
Sopa de piedra, de la sed de boca. Con un garbancito no da para caldo. Aquel agua dulce de fregar el suelo. Barre con la escoba toda noche es luna de la misma magia de gracia y arena, y pena que cuenta como en cuanto a gotas. Flipar por soponcio, sucumbir desastres. Estalagmita
Agotados. (Dos gotas) No notas como yo un mí en todo como ahora mismo, una hora yo. Si elegí el puñal solo para matarte, primero el diamante cocer con la mano. Harina los huesos.
Un litro de llanto, de un año de lloros. Tesoros sin grado ni agrado de todos. Lágrima en la salsa, la balsa de pena, añadir tres clavos, esclavos del gusto. Degustar la sal, directa del ojo. La lengua en la fuente sabe a las miradas.
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