Al ruido de espejismos en los ojos, escoja aquella voz en la canción, que ponga el corazón a la palabra, y abra la razón del sentimiento de triste asentimiento de sentirlo y volver a decirlo para oír, la quieta sinfonía de la nada.
Palco de la fe a la vez locura, que estremece cruda, toda una alabanza de danza furiosa se ve que la acosa la escoja y la viola y la deja ...
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