Atempera el viento, cuento con tu tiempo
que sirva a mi aliento para decirlo alto,
que falta en los huesos tu regreso en carne
y aquello que barres para limpiar tu alma
a trazada gruesa piensas que te cuida
que la vida es sucia y tiene la astucia
demoler el miedo de morarlo tanto
que el orgullo es canto y llanto al oído.
Adorar dorado, dardo de tu pecho
que busca el asiento de tener tus brazos,
de impacto de nervios de yemas que visten
la piel que resiste las finas delicias,
carne y maravillas de un cajón desastre.
Sastre de la seda, se da de la boca.
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