Altar de la pena, no suena la culpa,
acaso lo sufra como una oración,
su ración arcana cercana a la muerte,
y sufra en la suerte bajo una tormenta,
la sienta en el alma, alarma agonía
que sufra en los días, solo pesadillas
al almiar del sueño, al morar la cama.
Y al sufrir en vano, al dolor sin suerte
que busca la muerte cuando le apetezca,
florezca y olvida, suceder que sueña,
enseña a vivir que el amor se aprende
y prende contigo su lugar de mecha.
Sospecha de llama, que al amar inflama
y todo se hace fuego.
Como el ave fénix nace en sus cenizas
y vuela en las trizas, partes del destrozo.
Y mira que sabe que llave la puerta
su mirada abierta, todo lo traspasa.
Y pasa al espacio, despacio y vacío,
a llenar de gozo, pozos del placer,
de pagar encantos. Cantos matinales.
Maitines morales.
Fragua la garganta, las penas corales
las sales de perlas y verlas flamantes
con guantes de oro, dorar de caricias
en la carne hospicio todo el sentimiento.
Será lo que siento que puede decir
que verá el encanto por pronunciamiento.
Escuela de hechizos. Versos de desecho.
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