Estirpe de gala, regala la pena,
que suena en lo triste, que resiste el eco.
Y se muere tanto que su llanto es risa,
lo siente en la prisa, todo su terror,
y el horror humano, su mano de tierra.
Entierra el anillo de su amor secreto.
Y así como sella se beba el aliento.
Así como es ella se liba y encierra.
Su vida de jauja, de jaula viciosa.
Vistosa y viscosa que dora su flema,
y adora el eccema de asco virtuoso,
que parece basto como vomitado.
Y al lado lo bello todo rebanado.
Es timbre de pala, que entierra la voz
que lo atroz lo nombra para sucederlo.
Verlo y asentir, que sentir es ciego.
Es bala de plata que arrebata al lobo.
De lírica y canto, del llanto y su tono,
su encono al horror, de lira y de miedo.
Lía.
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