Carece de medida este sentimiento,
por eso lo he suspendido en el suspenso, no me gusta atribularte,
ni darte aires como si la misma sentencia pudiera reivindicar te mis desprecios,
no pienso inquietarte ni asomarme a tus méritos , ni probar las miasmas desesperadas
que saben a pena, a agonía, a la clase de provocación que estimula un odio avanzado,
pero entre leo tus miradas, tus gestos inquietantes, tus maneras altruistas que engañan
a quien las recibe, a mi no me engañas, leo en ti como en un poema nunca escrito,
como en un capitulo de una novela donde el protagonista revela al fin su actitud prosaica
y fuera de apariencias, de diálogos inconexos que muestran del orden de la cronología inesperada de esa aventura...pobre papel... el escenario se decolora y una luz oblicua, Oh Fiódor, muestra tu rostro sin competencias que no eres tu, nunca lo has sido, pero quién o mejor de qué sirve.
Tiembla un labio, la mirada se curva y en el cuello los dedos del sol juguetean con el pelo, descifra Dios y con una plegaria dame en la boca con la sentencia que diga que todos hemos ganado...
Celosamente guardado en el paladar donde se refugia tu lengua, acariciando el velo, saboreando lo que se piensa inmediatamente antes de decirlo, pero para que hablar, ilustrar como decías
naturalmente, miro el espejo y en tus ojos avaros, el eco de una mirada perturbadora que se refleja
como no en mis ojos multiplicados, no, multiplicadores, y la inquietante pregunta de nuevo omitida,
tal vez mañana cuando el horizonte regala esos rayos oblicuos, Oh Fiódor, cuando la merienda de frutos rojos, de una luz de desangramientos, de escenarios sangrientos y tu eje de todo circules entre ese espejo oblicuo sin preguntas y yo hermético, puro espectador me quede sin aplausos...
jueves, 16 de septiembre de 2021
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