Que todo lo que sabe de la vida es todo lo que suyo ya pasó, y sabe que la esperanza se resiste y asiste con temores al amor. Que el niño necesita un corazón que guarde la razón en el destino, que todo sea camino y caminar, el cielo de pisar sobre el abismo.
Que joven fue valiente y tan cobarde, que todo se lo guarde a repensar, que tiene a regresar en la agonía, que parecía vida sin posar, y vuelva a remirar fotografías de cuando no miraba como ciego, no ve así como lloraba aquel viejo. Que mira en el reflejo sus adentros.
Y todo no es dolor en el lagar, que puede regalarle con el miedo la forma de la vida de una casa que casa con el alma de un hogar. Que viene a deformar con la corriente la puerta que se siente en los portazos de abrirse o de cerrarse como viento de aliento y alimento quejumbroso
y el poso que al reposo repostar que viene de robarle la energía de lo que le suplanta el sentimiento que planta porque tierra del amor prefiere la belleza del calor, a flor que da en fruto cuando prende y aprende la importancia del amar. Que es oro de guardar los corazones. Au
Tesoro de conciencia a repasar que viene a refugiarse como mapa que entierra o desentierra la esperanza. Corsario de un osario de recuerdos. Cuevas para cuando vuelva el lobo. Aúllan y claman no llaman al alma, que al diente lo nota la nota en la sangre. Mordiscos y runas.
Portal de postales de abrir a salirse, pedirse por tal su casual de lado le ha tocado el bueno, que hará con el malo. Lados de limón de lengua y helados. Del gustar de rico de apetito y cosa que osa el paladar su mermar saliva. Liba y loba la escoba lo barre, arrear de polvos.
Y al sillar de estrellas de belleza y duelo, como desconsuelo, suelo de llorar, que se hace cristal que rompe la vista sobre mil pedazos para hacer su cielo. Al velo lo vela la estela del celo. Vela celular de salva pantalla como referencia la vista al horror.
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