Aquella dimensión desconocida de vida indiferente de persona, de ver cómo se asoma para observar que venga a resguardar entre los ojos tan rojos de cerrarse para llorar como era recordarse en la tristeza de pieza de apariencia destrozada.
Te lo contaré, trataré cantarlo, de rimar espanto con la pantomima que ya no mima su corazón de perla, ni vuela en las salas sus bailes de fiesta, de siestas y copas y ropas desnudas que aluda a la cama su lama de almohada. Por hablar en sueños, la vida a callar.
Sobrellevar el espanto ¿A santo de qué? Solo fe sufriendo. Reponiendo el clavo, esclavo en su cruz. La luz de la sombra de obra y voluntad. Sal de mis demonios, salados endiabladamente. Dientes para carne. Hambre para el bocado. Cartas para el muero por tu libertad.
Quedados eternos de tirar las manos de extender los dedos y entender caricias, como la avaricia de operar en yemas yermas de sus huevos.
Contener dragones y volar al fuego. Alíen tos, o la posesión desapercibida de vida endiablada, las segundas partes. Aliento y torpedo de puedo en la luna regresar a amarte. A Marte no lo era, si fuera de amor.
Platillos volantes llenos de aceitunas, las tunas sin güito sin plutón de labios, cartas para arpegios de arteria especial como los lagares de su yugular llegó su cuchillo. Su chillo de grito que repito alto, solo oh, que morir es solo parte de vivirla. Territorio del terror.
Largo y triste, te viste a la vez que te desnuda y no ayuda el calor que dan las manos, ni aliento como al caso por la oreja de lo que se refleja y vanagloria que le da la memoria de lo impreso al peso que supone la atracción. La traición hechizo hizo referencia Versos del deseo
Ver sus referencias, su ausencia temprana, la nada perfecta nadaba en la mía lamía se anuda la soga es la tuya y a ver quién se ahoga o boga de nuevo. Matar para morirse y abrirse aledaños. Al daño y el mal de tratar el año. Apaños y afueros de agujeros vacíos. Miasma 12373
La chica y el rico de la muerte pobre. Doble pobrecita, cita de los cuentos. Qué cruentos eran, fueran a contar. La virtud tan limpia dispuesta a borrarse. En la sala junto a la ventana sonreía un ataúd. Dulces para el luto, tristes piruletas. Pirueta y lira de mentira y lengua
De sentir azul todo el cielo es mundo, mudo para mí al callar desnudo. Crudo y en crescendo como dividendo viendo su terror, con sus nuevos ojos cuajos de arte y chip, de la nanoesfera, hermandad de piedra al rogar lápida. Y matan por dios y a su dios retratan. Así, si no.
Otra manera de matar el milagro, es malograrlo. Es mal de los modos, todos son duales e iguales de malos. Arte y decadencia, de parte de ensayos, en sayo y cueros, la máscara de repuesto para la alternativa. Cara o cara, desenmascararlo. Salga de su rostro.
Cal dos, sopa blanca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario