lunes, 4 de noviembre de 2024

Puerta del abismo

 


Puerta del abismo yo mismo la abro con un candelabro, salgo del pasillo, al sentir corriente su recubrimiento, como el aspaviento del viento y el verso, en el universo la fatalidad, la malignidad de anunciar primero unas primaveras del florecimiento.



Solo flor aflora como exploradora de la voluntad de la soledad a una edad temprana de vivir sin gusto a lo que me ajusto para no morir. Revivir lo triste para tu alegría. Por tal del recuerdo presente pasaba. Se basa al olvido y al día que pasa, casa con el tiempo.

Tercer mandamiento de miento en mi lista como en la autopista del encubrimiento. Salvar al capricho al dicho, la salva que valga la pena. La pena lo es todo en modo tristeza. La biblia de uno que apunta la fe del refrán poeta, con una maleta pensando en los libros que debe librar



Calibrar el verso y la oración perfecta de que la impureza reza a la razón que en el corazón caben sentimientos. Tiento tentador que aliento en el modo, un todo o un beso... Peso protegido resurgido al brazo.

Trazo del recuerdo, me acuerdo en tus labios, me vuelvo en la culpa que espesa en saliva, la liba templanza de temblar de besos. Volver a sentir asentir recuerdo cuando fui a marchar. Tartar de ilusiones, de ilusión de tarta. Tortas a dos manos, aplaudían caras. Modos de doler.



Resolver el miedo sembrando el terror sobre horrores previos, facultad miseria que previa a la vida le corta las alas, sus salas de fiestas, del solo de baile sentado encasilla, la silla de asentar silente que siente la ausencia, como la presencia que acaba al pasar. Laudri.

Presencia y atención en la colección de lo escandaloso. Magra mengua en la papila gustativa, la reciba de la boca, lo que toca es maravilla. Besos de gatos en sus tratos perros por su defender. Territorial e ira, de mentira e historia, en esta memoria incondicional.

Al ser de su verso al regreso en ser su volver poeta que meta una oda. Con jota no es justo, un disgusto mío. De evadir la fiesta se sentir la grupa la culpa famosa de cosa querida.

Medir para afuera todo su sentir al tratar la nada en cada infinito un mundo de ratos. Rotos por el cuento, contar en lamentos. Lloras, yo tampoco la pena reseca.

Pesca el juramento en una tormenta que tiene la misión de su tormento que pone el conocimiento de sus rayos, de su sayo, y viento que da el aliento cuando te lo quita, no lo da más nunca. La culpa fluía.

Esta melodía lo tenía en suerte de fuerte voltaje como el amperaje de su libertad literal y a salvo en su salvedad de edad indistinta de la piel sin cara. Caretas y caritas. Oropéndola y sustanciosa como cosa magma. No vales si no sale de tu vida, sal y salta, ¿Te falta vacío?

Cantas, yo tampoco encanto en cuanto a mi tono lo entono y encargo de acuerdo del ojo como aquel antojo fue a abrir al amor. Y al candor los besos del verso en los labios. Sol agudo de voz sin calor al témpano imposible de sentir.

Asintió a su daño un año después, al día de engaños. En los aledaños daños que no fueran de sentir la jaula. Libre de su vida se libró su libro, de muerte y poema de yema de verso, ver su simetría. Ver sus suspicacias hacerse a caricias como las delicias de saciar en dedos.

De dos reportajes sin par de espesura la dura es la roca que toca la vida concedida y justa asusta pensar que pensar asusta ajustando el miedo. Mentirijillas para enmilagradas, y hados. Todo maneral de sus manías; orgía y capricho Lo dicho cien veces.

Anuales y famélicos sacudían su locura climática. Zumbas y nubes que sacan la vida como perla bruta, fruta de su nácar, recalcar la lengua de surtir su velo al vuelo en la piel el hiel del anhelo de amor que lo tiembla y resuelve en pluma por bruma violeta en su grieta azul. Tul.

Y pan de segunda hambre, medrar de mendrugos de señor sin jugo que probó su vino. Revino a vivir para matar temprano. A la luz recibo que pago mi sombra, que no tengo cruz, centenar de caras declarando oscuras jurar el misterio.

Alguna cicatriz sin su caricia que tenga la avaricia en el dolor que se cubre el dolor con la delicia de herida relamida por medir tener que definir de su lenguaje. Amos de la llaves, ya ves en las camas, guardando los ratos. Mirar la cerradura para cerrar su ojo.

Si ves las nubes grises muy sabrosas que saben de las cosas las tormentas que aumentan la violencia de sus rayos que serán los lacayos de sus truenos, si hueles porque ves en la costumbre sentir la incertidumbre del sentido

De lo que has aprendido por amado que nunca te ha dejado de soñar que tienen en la nuca su calvario.

Como en el ideario se respira que alivia con su fe la relevancia que le hace la ignorancia que le inspira; soplador de musa de inflar a su suerte la muerte que es copla y sopla otra vez. Escapuladora sin su remilgario. Regar a llegar para aliviar los frutos, llorarás temprano.

Sentir tentaciones en aquel momento, monumento luego llegó del tanteo de contar los brazos de cantar latidos de sentir sonando como dardo y voz de gritar perdido de lo acompañado del mirar al solo, dolo del muchacho. Que es capaz y solo de su asolación.

Una sola acción para solucionarse, sonar asentido de sentir locuras desaposesivas. Posar al diablo a establo o mesa que tiesa en la cama. Miedos transparentes. Amar un cadavér ya muerto el amor. Al horror nombrado que asume su medio y al miedo ante todo...

En la indisposición de su desgarro, Pláticus platica desde su ataúd, vampira la historia. Memorias de estacas. Destacar tu tumba, trama de madera para tu corazón, la razón del día. Sin querer tallaba a todo detalle, esta estaca es tuya, destaca en tu pecho. Barbecho de ajos.

Ecos desecados de lo que ha fluido en lugar del lloro el decoro superado como si su dolor fuera superlativo. Y en vez de tres días una eternidad muerta. Cruzado en la cruz al clavo que esclava clavará el estigma. Y no resucita, lo quita para siempre.

De ritos, de delitos y sulfatos. De pacto que al lugar del exquisito. Como en el apetito petulante, su planteamiento. De escarmiento en lengua santiguar veneno. De hitos, del recito sulfatado.

Derrito porque a veces descongelo. Y el cielo es chorro y velo de su lengua, que venga a la corriente por verter de mito, de solfeo y de sulfatos.

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