Implorar relevo y levar las nubes subes y te adentras en versos oscuros en curas malignas sin veracidad, todo es capacidad en la ignorancia de ver que la sustancia es especial mirar como persona devalúa si todo lo que actúa es interés
así formalizar su economía de forma de saber cómo se era, que todo fuera lepra de su acuerdo de poner en el pecho la imperancia que tiene la distancia arremetida de vida recluída de los sueños.
De ver el continente sin el ser querer solo ser uno el especial de verse tan mortal entre personas. Portal de postales pos tal de sus pasos. Fracasa dos, el tejado del cielo. La casa por la ventana la muerte a la puerta. Llama un ataúd, la luz entre abierta.
Aliento de ese viento de mil pies de puerta e interés en repugnacia que ve se hace fragancia luego miedo del medio del deseo sin jactancia que ve la inoperancia en su placer que va a convalecer lo que retrasa que basa si fracasa por querer que amar e incomprender por arrogancia.
Un solista solicita clave, su llave de fa, se enfada y en la nada triste lo que se reviste es melancolía, otro día muere fuere de la noche, o broche de sueños de empeños latidos de lo percibido dado del olvido, lo pido por mí. Mimar mariposas. Las cosas corintias.
Cortinas de rosas, cantata y cantina, la mina de lengua que la voz lamina como minadora de mimar las vetas recetas de adoros sus oros de siento un momento vano, la mano de viento.
En la gargantilla se estribilla el verso el perfume intenso que sienta la sala sus alas de vuelo al duelo del viento. Y aliento que inspire. Piras del recuerdo de acuerdo y cenizas. Trizas al trazado.
Al final reposo poso de su cuerpo que una vez ya muerto te toca vivirlo consumirlo zombi. Bambi violentada y el hada con la motosierra, entierran a cachos al pobre del Pan, ese niño Peter. Cruentos cantos de espantar los niños, cariños adversos. Versos para cantarse.
Cuento por vivirlo con un cierto enfado en fado de amantes con guantes de seda sedal de los dedos, canto por olvido encanto rodado que ha dado en el cielo infernal jugada, hadas de rescate en un disparate pararte en la bala, resbala la sangre la carne retumba. Tumba dos.
Dos dedos de frente de mente vaporosa. Pocimas y mapas de cartas astrales que salen de magia, salen por brujos dibujos de malos los palos para el bueno lo grato para el malo es conjuro que crea el hechizo el mimo unitario que conduce y va conduciendo el cuerpo, sale de la vela.
Revela a la luz, una cruz de sombra obrado en tinieblas hebras matutinas declinando en muerto, de verse y advertirse y retraerse que es el contraerse y regresar, otra vez al viento y con él la mano. Cortinas de luz que cierran los ojos. Antojos jalapeños. Sabores picantes.
Picar por placer Al tratar lo explico Y lo delimito E imito el bocado Cada lado lobo Adobo en la luna La cuna de carne Carne entre los labios, sabios en los dientes. A centelleadas hadas de la sangre, a ver sus centellas. Cuellas
Huellas nuevas ¿Dondé crees que vas? Ya basta de espacio de atracción vacía hacía el lamento viento en la expresión aquella emoción de canción sin ciento el sarmiento propio acopio y tormento. Sentir vendavales de aval en el alma. Ya ves las llaves abriendo a los ojos. Cerradura
Y vela vela, esa estela ciega, luego no lo ve, lo cree a su manera la mera de magia que veta el tesoro oro de sentir cotizar así en el sentimiento. Comprar lo sufrido para poder morir, y nunca tranquilo. Alquilo la estela, la vela velaba, ve la luz caída. Vale y corto.
Y esta canción: Corazón de croma. Rematar el gusto con lo degustado. Carta: Pure de riñones, champiñón con sesos. Un menú perverso ver sobre el mantel; todo aquel festejo de tejo su fruto al tufo a veneno, tan bueno y tan malo que regalo al gusto la primera muerte, suerte.
Catar el veneno por primera vez. Acatar la tumba retumba y remata. Ta chan ti chin que cincha un ying yang A voila que vuela la bola la cola lagarta. Partir de la historia y parir la culpa. Toda sobre ellos aquellos no todos. Torcer el recuerdo. Vale y calla.
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