Asentir tinieblas para tentar de sombras, nombrar cada gesto un nuevo pecado, de aquello hechizado de la magia triste, sentir rocío el frío que quema la yema en la hoja, ojo al corazón de atención confesa de su servidora, al servir el rezo limpiar el pecado. Orar por los sueños.
Barrer de los ojos sus mojos de magia. Salir de la vida para remeter, volver a las cuevas. Llueva luego luna, no hay ninguna nunca, si yace enterrado, colocar la tumba retumba al dolor, al calor campana de asentir al miedo como medio inmenso, horror asentido de sentir honor
Sus caldos traviesos esos del placer, de hacer el derecho de un amor tan libre que quiera el misterio volver a los labios, que sabios respondan que pongan adversos de hacerlo que otorgan como soga ambigua, de ese nudo antiguo que es desnudo muerto. Charcas o chacras, quién sabe
Agregar al duelo un suelo de base. Calendario oficial, hoy no era tal día, lo recordaría como no iba a abordarse y darse preciso al precioso día de ser un cualquiera en la estratosfera de estar otro ser de esfera, estraperla y merma que duerma en la lengua. Y aprenda a beberlo.
Se embrutece el alma sin la poesía parecía bruta la gruta a su veta y el arma secreta que le trata el verso ver sobre tarima su vida pasada, pasaba sin verse, conmoverse ciego delega sus ansias jactancias impresas de sus amoríos ríos de su siembra, sobre derramados.
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