De ver que te hace daño y comprender,
que lo vuelves a hacer para mirarte,
así como quedarte para soñar que
puedes retrasar lo que no sientas,
si enfrentas la razón a tu querer
que puede demoler entre la carne,
la parte repartida de las almas
que salga de los cuerpos consumidos
de aquello que ha venido a despertar
que viene a refugiarse de su empeño,
el dueño de una vida a demostrar,
que salga del lugar de la palabra
y abra relaciones de las puertas.
Hay amores que saben lo que valen
si salen al recuerdo de un ahora;
que aquello que atesora es solo malo,
el ópalo al corazón que desespera,
y espera como esfera la vejez
cómo se va ejercer sin sentimiento,
si todo lo que sienta no es sentar
que viene de ocupar en una silla,
así como encasilla se desboca
que salga de sentir que descabalga
que todo lo ha regado con sus sueños,
y velos destruidos, despreciados,
tirados a los lados de la piel.
La miel que va a la lengua del regalo,
del velo como el viento floreado,
de estigma del melisma del color
que sabe del sabor de la belleza,
y así es como se empieza a atesorar,
viene a refugiar cada recuerdo.
La gracia era una frase que no espera
que el corazón pudiera contener;
ese contenedor del sentimiento.
De frío sentimiento evolutivo que viva del motivo a la razón.
Como la alteración demostrativa.
Por ejem, un templo, ejemplo del cielo, catedrales góticas.
Mima porque rema,
tema de la rima,
que escatima en pena,
la vena y la sangre.
El amor no duele,
suele como soga
que lo ahoga todo
y al faltar le absuelve.
Que viene a reiniciar y actualizarse,
así poder quedarse y refugiar,
que no se va escapar lo que destapa
la tapa el corazón en una mano,
a sanos cada unos de sus versos,
la miel de los productos del amor,
que sirve de la flor del sentimiento,
que en par va a dar el fruto del amar.
Predice dragones,
en sus corazones
pones las perdices,
felices y muertas.
La magia del guiso, el friso y la cama.
La luna lo eclipsa y el día fue noche.
Incitación a la luz, la actitud de sombras.
Estrella de estrellarse sin parar, que viene a retrasar un parpadeo, de aquellos otros cielos no mirados.
Clapa y fin, al fin lo destapa.
La tapa y el tiempo. Frascos para vacíos.
Ver un colibrí cazando leones
a eones de un ojo una luz brillante,
que aguante una horda sorda sin aguante,
mediante los dedos de dos de las magias.
Tracias y paletas, fletar por estraza.
La maza y el duelo, del seso aplastado.
He aquí el calibre que libre la bala, sale Chéjov.
Que dicen que se ha ido para el cielo,
yo sé que en mi recuerdo sigue vivo.
Lo vivo y lo recibo entre la piel,
que fiel en la caricia resucita.
Tacita a tacita, sorbía la muerte.
Te sabe a té o a tomate, tómate uno.
Jaque y pierdo. Que caigo al ataque.
A sorbo el veneno, lo bueno en gotitas.
Tiritas y heridas.
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