sábado, 28 de diciembre de 2024

 

Reino y aposento, lento en una cama, ama sobre el cuerpo la piel que subyace, hace una caricia, sentirá su tacto impacto o gemido, del ruido de choque.

Imperio castizo, castigo secreto, el veto oprimido, prima del amperio. Hermana de silla de electrificar. Cabalga en un rayo que salga de un trueno. Variedad de suposiciones; supón demoniaco.

Tocón recatado rescatado a leña. Arde porque inflama llama lo calienta que se siente arder, perder la cabeza. Tropieza en el hacha. La flecha de nata nota por la fecha, hechas navideñas, velas variopintas. Pintan con su luz, un ataúd de forma.

Brotes del afecto, de efecto inmediato.

Que se acerquen en la bondad de su inocencia, ya me encargo yo de sus almas desarrapadas. Del pecado de la carne sin valor, que a veces al amor no es un regalo, sino la convención de su reparo. Partes y cacharros, caros cortejillos. A veces en lo igual se da lo malo. Salmos 3



Querida propiedad del corazón, ya sé que la razón es palpitar, así como dictar al desespero, el fuero de sentir en la palabra, el verbo del presente indicador que tenga en el valor significado, de aquello que ha latido por amor.

Adverbio de tenerte entre el gentío, de sentir lo mío quieto entre tus brazos.


Despacio odisea o sea de espacio, paz y despacito, bendito en el cuerpo que a la luz recrea, rea oscuridad.


Que venga a redundar en el fracaso que todo no es el paso del infierno saber que no hay eterno sino miedo y en medio la función en el placer. Que puede parecer una impostura que tal vez la postura de su gozo de aquellos otros pozos virginales.


Que vivir ya es tarde. Y enterrar las guerras.


La peor canción del mundo. En segundo plano, la mano de viento tienta en la puerta a la vista incierta que mira un fantasma que al paso se adentra, con la voz de alarma que arma su valía, que esta fantasía no es vivir el miedo ni adorar el sueño que enseñe a vivir,



que no es morir para poder servirse, saber que la palabra es la sentencia, que tiene la valencia melodía, que pone en la alegría entonación que es solo el corazón que la compone.


Supón la tentación de la palabra, la música y la flecha que siempre va derecha al corazón. Que supón que herido, querido también.

En una montaña, un hombre temprano se lava las manos mirando su rostro, la quita del sueño de mojar la cara que endurece el rostro. Es un hombre angosto apostando el día.

Entrena voluntad voluptuosa, que flote de caricia por ventura, que de la vanidad una hermosura, que tiene el corazón de buena vida. La esencia del placer desmesurado, si todo lo que suda no es divino, del jugo del amor que frota abierto el cielo del desierto de sus brazos.


Tiene como sueño la noche tan corta que a nadie le importa si el mundo es pequeño.




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