Recibe el aval, postal de los años de llamar a engaño; presente especial. La vela tranquila, la luz de la vida mientras sus sonetos, su cuervos secretos miran el abismo. La miseria mima prima el desafecto y el afecto rima que estima y escama
donde acaba y muere. Las palas de entierro de enterrar el duelo, jugar con el monstruo en el ataúd de las maravillas. Gargantilla y sangre carne que revienta, asienta en el cuerpo todo calma madre. Padre del peligro sus hijos son balas, malas compañías.
Claras armonías de negra inquietud, oscura la luz a la sombra nido. Ruidos demoniacos, pasos en sus casas, pasan a matar, a robar sus vidas. Gracias al maestro, por honrar el miedo. #EdgarAllanPoe
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