La morfina oscura cubrió la ciudad, como deidad, solo carne y templo, en el movimiento de la voluntad, en la edad preciosa que el mundo es de joya, que el cuerpo es la olla de aquella cocción, una generación perdida.
Amapola negra, de sutil rutina, de la pasta fina que cura el dolor, que el sopor domina, que inquina y es veta, el arma secreta es solo una aguja. Dibuja la vena, las penas fluidas, las vidas coagulan, y luego eyaculan sobre la mirada. Oropéndolas preciosas, y cosas que al pasar se desatinan, y todo se ilumina porque pierde, el alma principal de su presente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario