lunes, 3 de febrero de 2025

El corazón es la llave

 Canta dos, veces calla dos.

Cornucopia estricta del temperamento, del requerimiento de sentir alegre. Arte de la voz de interior de letra, de intención traviesa surte la garganta. Modismo o melisma, estigma o estilo, que la moda es velo de vestir la estima.

Repetir el verso, terso y resumido. Reiterar lo hueco, lleno de vacío. La mirada plena llena de intención en el corazón de acompañamiento. Banda de abandono canta sobre lunas, el mundo en penumbra de sentir poeta.

Gargarismos melifluos.

En petit terrible, en el alto horror, en lo superior, el terror maestro. Versos son escamas, camas de la lengua, comas del silencio, toda la entropía de energía vaga, de la magia maga que es saga y temible. La primera daga daba al corazón. Descorazonado.

En aquella sinfonía medular, que de la melodía del lugar, que venga de jugar con la palabra, el habla que le entabla, porque escucha, la lucha del aquello que es ritual, que viene del ancestro de la voz, que puso cada modo del acento, aquel otro talento individual. Solo sal a ser
verter en fatal, falta la alegría, sobra resiliencia, falta fantasía, suelta la fragancia, tenga la conciencia, en plena demencia por la dejadez de dejarse viejo, un pellejo seco, ni siquiera huele, le comen las ratas. Tres años de muerto. Huerto de cariños. La primera entierra

Cuando baje el cielo cuando raje el suelo al cuero devora la voz de los cueros de muerte terrible, inimaginable, asumir tinieblas arrancar los lazos verlos en pedazos de muerte imposible, ya se había hecho. De segunda estrofa. Mofa vergonzante. Dante por detrás.

A dos horas de aquí, en aquel futuro.

En turbio presente, solo siente plano, hueco y como llano, de rumor enteco. Haya donde quiera, una entera magia. Y gracia y raíz, matiz del acento, entonar el cuento todo lo cruento de aquellas situaciones impasibles, que ven que lo sensible se amortaja.
Talismán de carne.

Suena como hueco, será todo eco, de seca pregunta, que apunta manteca. Calla del callado, de alguien asustado, dentro de un abismo. Rima justiciera era de lamentos, de aquellos aumentos, de tormento en gritos. Grima palaciega llegar a la altura presto de caer.

De ventisca y viento en los torreones, aquellas relaciones de misterio, de aquello en cementerio lo carnal, que viene a separar a la persona, no solo es horrible, es hacerlo bello, cuello sostenido llega a la garganta. Casi cien mordiscos, dos litros de sangre.

Ata de la puerta puesta por maldita, en aquella cita de primera muerte.

Muerte de un vampiro al mirar la luz, en el ataúd de últimos respiros. Ramiro Miraba, Mari Trini un peine. Imperio maldito solicito muestras. Conchas de los piojos, ojos en el pelo, al velo de sangre de primer vampiro, de segundo guarro, un tarro de veces la saca en manteca.

Parte de la gama a desgana ancha, que se le hace mancha de eterna amalgama. Ultimar los huesos. Censo de los miedos de la eterna bolsa la cosa del saco de ocaso de ahorros. Forro de su nervio, pleno callejero, rabia justiciera, de matarlo todo. Y así vivir para destruirse, ir sé.

a veces la llave va dentro de uno, solo algunas veces se sabe que sella. No se sabe nada, en el mar no hay huellas. Solo las sirenas. ¿Oyes como suenan?

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