Canto interesante antes decantado, antes de cantado cuánto de interés, un después de sangre del ahora en carne. Cantando dormido esa voz del sueño que engaña al oído y lo que es sentido es viento en la piel como hiel en punta. Apúntame a un mañana, esta noche sueño.
La carta y la culpa. Demuestra la tuya. Es tanta la pena que al dolor ensueño como si el consuelo fuera la tristeza. La destreza falta para que bendiga así lo que siga sirve a su misterio. Tan real y fuerte de muerte aprendida de una vida rota, cota de la carne.
Y al alma el influjo de sentir medidas algo que lo cuida para que comprenda que la vida enseña tanto por sentir que puedes decir, que tu mundo es sueño.
Fletar un hechizo, magia sin tratar, con malignidad de dar la palabra. Guisaba en su mente la fuente de un caldo, que a los labios justos el gusto a tentar en el paladar pala de exquisitos. Pequeñitos besos versos de encantar. Gotas importantes, antes de llorar.
Elixir del canto en su vibración, tanta la intención de un juego de tonos. Entonar encantos cantar como antes la rima que planta en cuanto a la flor. Que el amor presente como siervo ente, loco enamorado que al amar lo siente. A la mar mareas a las reas olas solas en la arena.
Sirenas que lloran las costas de arena, de sonar hundidas de vidas que llaman y en la noche mueran, en las carreteras en los rascacielos en el mismo duelo derramado en sangre. Aúllan los lobos, los tronos en guerra y la madre tierra aún más explotada. Las hadas insisten...
Ofrendar la nada, o frenar en seco. Dígase un muñeco enteco de tela. El pin ocho, le pinchó una fiesta. La fibra diurna de los taciturnos. Culpa y alegatos, los datos más tristes. La retina, el duelo, el suelo mirarlo a vistas de adentros, cocinan los ojos. Al olor de especias.
A piel especial, precio en la nariz, una cordillera de primeros soles. De abanicos secos llenos de fluidos, de influir mojado tantos sentimientos, de frente y aliento de sentir enfrente que alimente y llene su ruego temprano. Vano de la puerta de pasar cercano, arcano en rendijas.
Y el precio se cuaja en la piel que exhala, un trueque de sombras que el sueño avala. Por rendijas brota un sol que se cobra, y en su luz pesaba la arcana obra. Retoma lo arcano como soplo fresco, como viento viejo la voz del cercano.
El viento se enreda en soles gastados, y el sueño sostiene sus restos alados. Dragones violentos sus fuegos arrasan que pasan por dentro entre las cenizas. Las maravillas del baúl, tan azul de tierra. La vida desagua, es agua la pena, es llora o enagua, de cama a deshoras.
La pena se escurre, la cama se enfría, y el dragón reposa en su propia vía. La sabia y el huevo, de nuevo la madre. De carne y escamas, descarnar la sangre. De miedo y terrazas, de cazas sin medio, de razas de noche, de la piel de capas. O te lo digo y callo, lacayo loquito.
Y las razas cantan
con gargantas negras,
sus alas de hueso
baila en las quiebras. De noche se alzan,
sus ojos de estrella,
y el sueño las ciñe
con sombra que sella.
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