Llegué desde antes, saltaré la luna y pondré en tu cuna, esta tierna nana: Mañana de invierno, de sueño que tiembla, que el calor y el frío, de la piel desprenda, que la risa es buena, y el grito es lo malo, que el llanto es auxilio, mi niño cebolla. No llores y sueña.
Colgaré en tu cuarto casi una ventana y no habrá mañana que la luz despierte. Carga de mi pecho, en tu piel naciente, con todo derecho, el amor se vierte Mi nana de capas, mi nene de babas, de risas cumplidas, no llores y sueña.
Y en la noche helada, de arpas quebradas, te miro y me pierdo, mi rosa de escarcha. Tu piel es un verso que el hielo acaricia, un grito en el viento, un fin que principia. De sangre las notas, mi voz se desgarra, en sombras remotas la luna se aferra.
Estremézcome entero ante tu blancura, mi amor es un cierzo que hiere y murmura. Que muere y lo canta como santa nana. Mañana no mueras, te quiero al presente.
de cenizas negras,
te alzo en mis brazos,
mi cripta de estrellas.
Las sombras danzan,
sus garras me cercan,
tu aliento es niebla,
mi alma se quiebra.
un réquiem tiembla,
tejiendo en mi llanto
un sudario eterno.
La sangre en mis venas
es tinta y es hielo,
te nombro en la pena,
mi espectro en el viento.
tu nombre en su llama,
un eco que abraza
la noche sin rama.
Tu ser se desvanece
en brumas doradas,
mi voz te convoca
de esferas veladas.
Los astros se curvan,
su luz me atraviesa,
te robo a la muerte
con mano traviesa.
su graznido reza,
tejiendo en su ala
un pacto de seda.
Con trenzas de Sauce,
la llorona gime,
te envuelve en su abrazo
que alumbra y redime.
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