Y no es preconcebido por su duelo,
que todo fue el consuelo de su daño.
Añade su presencia como extraño
que sufre del apaño cada día,
y luego se moría por vivir
que tiende de servirse de lo raro,
amparo del amor en soledad.
Y luego al relamerse las heridas,
el daño y el placer se parecían.
Y todo lo lamía sin querer
la savia del placer aparecía
la liba de la vida entre los labios.
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