sábado, 20 de diciembre de 2025

 

En la hiedra canta, la punta de lanza,
balanza y rigor, por amor su peso
que le puede al beso su voz de ladrón,
en un corazón, robado de un verso,
al momento terso, del eterno drama,
salta de la cama a ocupar los sueños.
En la piedra falta, una nota alta de quebrar los huesos.
En la piedra voz, que el tejido siega
y llega llorando que convierte en llanto
aquello que suena, cercenado el viento,
como de tu aliento, bebo el alimento
y al fluir me siento, convertido en carne.
Un tejido y huesos, y besos que mueren.
En labios conexos, converso en la lengua,
su sabor contenga tanta la emoción,
que el amor galopa, se va de la boca
como el mundo a popa de un navegador.
Reflejo del norte, un mundo sin corte, desaparición.
A nadie le importe si existe el deporte donde nadie gana.
Porcelana y pelo.
Muñeco que habla con la voz diabla
de aliteración en versión del gozo
donde se hace poso, y un pozo seguro
a cada segundo de hundir el reposo
acosar temblando, blando por enteco.
Pin siete. Padre carpintero y madre polilla.

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