Será por recibir en la escalera que fuera a remover y atemperarse, será del apartarse del poder que puede guarecer entre palabras y abrirse y exponer su claro alma que tiene como alarma el sentimiento en el conocimiento de aquello que mira y ve lo bello del talento.
Y allá entre lo tierno lo fuerte y despierto en el cielo abierto se asomó al espacio. A flor de la carne al fruto que expira y lo que respira es primera muerte.
En aquel despacio caben más estrellas la noche está llena de sitios vacíos.
Al oficio ilustre de lustro y mentir para rendir a cuenta la verdad sensible de primera piedra. De segunda, joya.
Al tercer tesoro, su oro de momentos, monumento y templo de adorar el tiempo.
Mortis mortuorio en el repertorio del odio y la muerte de la suerte en vida.
¿Quién ama esta noche un reproche en cama? La llama y la vela, la ve de refresco, del fresco a la luz de virtud oscura.
Jura que lamenta como mentador de cantar lamentos de cuanto lo siento me siento dolor me puede una silla...
Castillos y guisantes, elegante al plato otro rato de hambre roto por comer. Paladar de bares, bares de presión de cocer la olla mollada de alcohol. La furia preciosa pasaba deprisa, la brisa de aliento del paso del viento.
Recitó el repito que pasa que piensa en su verso libre sensible y poeta la treta del duelo de dolor de siempre que acompase y nombre como fundador dado de su tiempo en su templo libre. Le libre de un libro.
Catedral del duelo en su vuelo libre se estrella en tu cielo...
Moda y eufemismo en la misma copa, rota por desnuda que muda de la piel el tacto vestido del trazo en la capa como lapa y velo de verlo en la perla. De todo lo que es cuello o es collar que late yugular en la garganta la parte modular de su mordisco. Disco y fama. Toma dos.
Desgarros y perlas por el suelo al velo de hachazos en varios pedazos abría en su bar la carnicería. Gore de diamantes. Cobra de estraperlo, verlo en musical, sucursal de cachos sacos en la luna. Bar Caza, melaza y sopa. Tacitas a turnos, taciturnos no. Sueñan.
A la una, dos, adiós y después, a las tres un punto, de un asunto cauto, del fervor del quinto, al terror cerval. Tañe y tiene dueña, la seña campana. Enseña en la música el corazón del timbre. Vale como parte de canción en una solución inesperada que en su nada espera o manzana
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