Cositas pequeñas que hacen lo más grande de la forma oscura que entrevista al miedo con clara intención le arroja al terror con horrores previos. Básico derecho, el labio tratado sobre mansa boca orla sus efluvios.
Al barco la mar, a la nube el charco al parco aguardar de los desembarcos. ¿Y qué opina Dios sobre el hombre muerto? Del dolor dormido, de llanto de sueño, de fluidos varios, de formar el cauce de los sentimientos.
Su estorbo de tela de la piel del viento como se hace tiento y luego caricia. Su salva amistosa de seda y organza de lanzas de afectos de tesón y temple de aplique en caricias de sueño y delicia y salva de manos de dos avaricias.
Y prefieren golpear a las caricias las santas avaricias placenteras. Certero que te quiero como ser que te puedo querer porque te quiero, al frío desespero de sentir alegre de vivir en un supuesto, al puesto de su verso como ser al ver desvanecerse las palabras.
Empero por el ruego solución que ve que la emoción no le equidista que tiene mala vista para leer que puede sostenerse en lo que piensa que le dé rienda suelta y se desboque que al poco que equivoque lo comprenda.
Retoca al tocador de su tocado ¿Qué lado de la cara no es careta?
Si ve que lo que agrieta está por dentro que tiene el elemento su virtud que la gente ataúd son mayoría que ve que lo que ofrece del placer le tiene que valer para que lo quiera espera y se resigna perturbado que ve que lo ha llamado su locura.
Vallas bizantinas. Vayas donde vayas, hallas a tu ser y así te lo callas. Ese ser mudo que muda tu mundo en un mismo tú. Retintín tendido, pretendido en cama, llamada inquilina. Hada y sobresalto y sobreactuada, hadas de sospechas, magia descompuesta puesta con desgracia.
Garras oprimidas y darse y entregarse y olvidar que tiene que quedarse con su cuerpo.
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