sábado, 28 de diciembre de 2024

 

Tiene pluma y magia, tiene gracia y luna, parco el horizonte rompiendo la bruma. Y el mar es el cielo del velo doblado del lado dormido de vivir soñando. Timbra la locura vibra en cada uno, aquello oportuno, la voz que lo cura.


La sesión se agota, a gota el cariño que el niño es ahora, una hora eterna. Albino en el labio espacio de besos en aquel congreso, confesión y amor. Lo tierno en el viento la pierna y la mano de caricia y vuelta de suelta de alientos.

Por tenerlo todo, todo lo ha perdido, como lo ha podido destruir tan pronto. De sentirlo tanto, espantar lo suelta, veta la belleza del presente, que siente la solvencia del pasado, de todo lo anhelado por reciente.


Toma dos. La una. De todo aquel acoso a su proceso, de eso que le debe de pesar y ve como recela proceloso de todo aquel acoso a su proceso, al eso que se daba por pensar que le sale a matar para existir y tiene que vivir para sus muertos.

Toma una. La dos. El lado equivocado de la cama, escama del clamor de piel de cuerpo, de carpa de la carne que embarca, la charca de sentir cada momento el fino movimiento de caricias, auspicias el suspiro de los sueños de aquellos otros dueños de las camas.

Tenue fantasía, la mía en tinieblas, temía el temer y meter el miedo en medio el dolor del vivir ahora la vida a futuros sus frutos te da, o te da y atiza y a tiza lo aprendes, en tus encerados, encerrados todos.


En la sombra hallamos la luz que buscamos, en el eco eterno de sueños pasados.

La vida nos enseña con cada suspiro, que en la oscuridad también hay caminos.





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